Febrero Reflexivo 2011
Con motivo del II Febrero Reflexivo organizado por el Grupo Universidad de ISF en Ciudad Real, se convoca un Certamen de Expresión Artística relacionado con los temas del Ciclo en el que cabe cualquier tipo de expresión artística (relatos, poemas, cuentos -todos ellos de unas 500 palabras más ó menos-, canciones, videos, dibujos… ¡creatividad al poder!).
En esta página iremos colgando hasta el 31 de marzo las aportaciones que se vayan recibiendo y que participan en el Certamen. Esperamos que las disfrutéis.
01 – Una historia que contar [relato a partir de la charla M1: ACNUR]
Perdone, ¿le importaría apartarse un poco? Voy cargada y tengo que pasar, tengo que llegar hasta el final y no puedo dejar nada en el camino: mis recuerdos, mi casa, mi trabajo… Todo esto junto con nuestro futuro va metido en la mochila y tiro yo sola de mis cuatro niños. ¿Con qué les daré de comer mañana si no me deja continuar? ¿Dónde dormiremos si no encuentro un techo? Tuvimos que abandonar nuestro hogar, salir corriendo prácticamente con lo puesto. Mis padres quedaron allí, amarrados a sus raíces exponiéndose a la muerte, pero yo tengo por lo que luchar y mi hogar está donde estén mis pequeños. ¿Qué dónde está mi marido? Mi hombre, que emigró primero, anduvo en busca de trabajo y no encontró nada. Nadie lo quería, no era más que un pobre desgraciado con la única fuerza de sus manos que con esta crisis ya no suponían garantía. Y al verse desesperado, sin un atisbo de esperanza, nos mandó lo poco que tenía para que pudiéramos venir a buscarlo, pero ya era tarde. Se perdió en la oscuridad de sus miedos, en las calles de desierto, de la pobreza que huíamos y que ¿Qué mira? ¿No le gusta mi aspecto? No tengo muchas oportunidades para arreglarme ni dinero para ir a la peluquería, me hace más falta para otras cosas. Aún así no descuido mi higiene ni la de los niños, no crea. Mi cultura me obliga a tapar mi pelo, a ocultar mi cuerpo, pero mi mirada lo dice todo, habla de todas nuestras carencias y necesidades. Ya quisiera yo tener un sitio donde lavarme a diario, donde limpiar mis pecados y los de mis enemigos, los de todos aquellos que me ¿Acaso se piensa que me gusta andar perdida por las calles de Madrid? Esta ciudad es como otra cualquiera de las muchas que ya hemos visitado y en ninguna de ellas encontramos cobijo, ni un alma que se apiadara de los míos. Por suerte España es un gran país, lleno de lugares donde guarecerse de la lluvia, de cartones tirados en la calle que nos sirven de colchón y a la vez de manta improvisada, de personas que saben mejor que tú lo que debes hacer… ¿Cree que me gusta verme en esta circunstancia? Me siento tan sola a pesar de llevar a mis chicos a cuestas, esta tarea materna ¿Le importaría darme un euro, o dos? Tengo cuatro bocas que alimentar, yo puedo comer las sobras. También me ofrezco para trabajar, soy buena cocinera, estoy acostumbrada a cocinar para muchos con lo justo, ¿no necesita a nadie? Haré lo que haga falta por sobrevivir. Si no se aparta, deje de hacer preguntas y ayúdenos, en cuanto tenga una taza de café bien caliente y una mesa a la que sentarme, prometo hablarle un poco más de nosotros porque todos tenemos un nombre, una historia que contar.
02 – Ser libre, sin amo ni dueño [relato a partir de la charla V11: Universidades libres]
No quiero amo, ni dueño,
Sólo quiero amor,
y lo que sueño,
lo canta el ruiseñor.
El ruiseñor dice
lo que sueño,
y no el dueño,
y lo que yo digo,
lo cuento.
Yo quiero oler la libertad,
y no la tristeza,
a muchos niños les gustaría
ser libres como la liebre.
No nos detendrá,
ni el amo, ni el dueño,
lo que nos ayudará,
será la gran hermandad.
Ni cadenas, ni murallas,
no nos detendrán,
antes seremos valientes,
que penitentes.
La fe nos ayudará
A combatir contra el mal,
y Dios nos protegerá.
Quiero ser libre,
sin esclavitud,
y no quiero pensar,
quien me llevará al ataúd.
Quiero pensar, escribir, imaginar,
si yo fuera las nubes de arriba,
nunca me precipitaría a la bahía.
Quiero ser un coyote,
que corra para ser libre,
sin caza, ni tregua,
sino que salga de mi lengua.
Quiero ser amigo de los amigos,
sin castigos en los castillos,
que me digan mentiras,
¡Qué tiren el tirachinas!
Yo mismo los liberaré,
de la injusticia,
y de los amos y dueños,
porque no nos quitarán, nuestros sueños.
03 -Las gafas de la realidad [relato a partir del conjunto de charlas Febrero Reflexivo]
Sonó el despertador. Marinieves no estaba acostumbrada a levantarse tan pronto, pueshabía dejado los estudios hacía ya unos años, y la posición económica de su familiale permitía vivir cómodamente sin dar palo al agua. Pero ese día era diferente, habíaquedado con su amiga Maripuri para acudir al centro comercial.
“Llegas tarde -comentó Maripuri-. No eres capaz de apreciar la libertad que tenemoslas mujeres en estos tiempos para comprar lo que queramos y donde queramos, sin lanecesidad de ir acompañadas de un hombre”.
Marinieves pidió disculpas alegando que para que una mujer se ponga guapa sonnecesarias horas y horas de maquillaje, así como una gran capacidad de sufrimiento.Por fin llegaron al centro comercial. Estuvieron todo el día comprando, tan sóloparaban para criticar lo horriblemente vestidas que iban las demás chicas con las que secruzaron. Salieron a la calle ya vestidas con sus nuevas adquisiciones. Andando por lacalle Marinieves tropezó con una niña mugrienta, vestida con harapos, que al parecerestaba vendiendo unas gafas, colocadas sobre una manta, en la acera. Marinievespreocupada se dispuso a pedir disculpas a la niña, pero viendo el desaliño de esta, no fuecapaz de pronunciar palabra, ¡que horror de criatura! -pensó-. La niña, que parecíacapaz de leer el pensamiento, se limitó a ofrecer unas gafas a Marinieves, advirtiéndoleque esas gafas eran capaces de curar la más profunda de las cegueras. La jovenaceptó, aún sabiendo que no las necesitaba, ya que veía perfectamente, pero no queríadesagradar a la niña.
Al llegar a su casa, Marinieves se miró en el espejo ¡que guapa estoy! -se dijo- y se pusolas gafas que le había regalado la niña, para ver como le quedaban. El grito se escuchópor toda la amplia casa. La joven no era capaz de asimilar lo que acababan de ver susojos. Llorando fue al lavabo, y se quitó el maquillaje. ¿Que hacían ahí en su cara todosesos animales muertos? ¿quién habría sido capaz de torturarlos de esa forma? Enun acto de valentía, al regresar del baño, volvió a ponerse las gafas. Los animalesensangrentados habían desaparecido. Pero entonces miró un poco más abajo…estuvo a punto de marearse de la impresión: mujeres jóvenes, adolescentes, todashacinadas en su torso, sin sitio para respirar, sudorosas, alguna incluso se había orinadoencima. Jamás había percibido tristeza tan grande en una persona. Se quitó la camisetarecién comprada, y el resto de la ropa…las mujeres desaparecieron. Por fin su cuerpodesnudo era lo único que reflejaba el espejo. Cogió el teléfono móvil, para llamar a suamiga Maripuri y contarle todo lo que le había sucedido, pero en su lugar vio niñossoldados disparándose. No podía dormir. Salió a la calle.
Se puso las gafas decidida a descubrir el misterio. En lugar de coches y asfalto veíapoblados indígenas incendiados; en lugar de edificios, obreros cayendo de andamios.Se acercó a un escaparate donde había una televisión encendida. En la pantalla estaba elmismísimo diablo con un libro en una mano donde se leía la palabra “Constitución”, laotra mano apretaba la de una hiena, la cual tenía un maletín con el símbolo deldolar…corderos sumisos los vitoreaban, mientras colgaban de sus cuellos figuras deun señor crucificado. Miró el televisor de al lado. En la imagen había marionetas dedos colores diferentes, al parecer cabreadas, ya que perseguían una pelota para darlepatadas.Alrededor de las marionetas, había más borregos, la mayoría sentados; pero otrospocos, en pie, sin pelo en la cabeza. De estos últimos salía una cuerda casi invisible queterminaba en la mano de otra hiena que estaba en el palco, la cual les guiñaba un ojo de
vez en cuando. Se cansó de mirar el escaparate. Siguió andando, y le dio la sensaciónde que se había quitado las gafas cuando vio sentados en la calle a unos hombres demediana edad muy guapos. Se quitó las gafas, eran mendigos. Se las volvió a poner,siguió andando. En una esquina, vio a una mujer preciosa, que se inclinabapara entrar en uno de esos poblados indígenas incendiados…ya había sido suficiente poresa noche.
De nuevo en su cama, Marinieves comenzó a llorar. Entonces vio una inscripción en lasgafas. Decía lo siguiente: “No te pongas los ojos de otros para evadir tus miedos”.En ese momento, desaparecieron las gafas, y en su lugar apareció un pequeño espejo,que reflejaba sus preciosos ojos verdes.



